Rosario del Abandono

¿Qué es el Rosario de Abandono?

 

El Rosario De Abandono al Padre es una devoción originada por varios grupos de fieles testigos de las conversiones realizadas en sus vidas bajo la guía de un Sacerdote Franciscano, Doctor en Teología y Espiritualidad. El fin de este Rosario es lograr la entrega total de nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.

A lo largo de los años, la Iglesia en su caminar, siempre movida por el Espíritu Santo, va encontrando otras formas de llegar a nuestro Padre.

 

¿Abandonarse, es dejar de afrontar los problemas y querer escapar a la realidad?

No, porque el Abandono a la Voluntad de Dios no es una entrega pasiva ni es dejar de afrontar los problemas e inconvenientes que encontramos cada día. No consiste en dejar de luchar ni escaparse de la realidad, es aceptar con paz lo que ha llegado a su punto límite. Con esta actitud, consigues fortaleza, paz y libertad interior.

 

¿Tiene este Rosario, una metodología propia y otra forma de rezar?

Si, se utiliza un Rosario Tradicional, pero en cada cuenta se reza:

 

Gracias Padre mío,

Todo lo acepto con amor,

Que se haga tu Voluntad,

En tus manos me entrego,

En silencio y paz.

 

Tiene además un componente personal de meditación y reflexión. Por la experiencia de muchísimas personas que han vivido este rosario, podemos afirmar que es una escuela de conversión y un bálsamo que inunda de paz todo tu ser.


NOTA: Ver en DESCARGAS El Folleto para rezar el Rosario de Abandono.

 

¿Cuál es el mensaje que se quiere transmitir?

Que Dios nos ama a cada uno de nosotros como si fuéramos su único hijo sin importarle lo que seas o lo que hayas hecho. Él quiere que seamos felices aún en medio de las dificultades que encontramos en nuestra vida diaria y que vivamos constantemente en su paz. Este Rosario nos da la forma de hacer un alto, reflexionar y lograr la tan ansiada paz.

 

¿Qué es el abandono?

El Abandono es la sustitución de nuestra voluntad humana por la voluntad de Dios, para que sea El quien guie nuestra vida. Es la renuncia a querer ser dueños de nuestras vidas y aceptar lo que Dios permite para nosotros. De este modo experimentarás Su paz, Su fortaleza y Su amor. Te sentirás liberado de todo lo que te agobia y preocupa inundándote de la alegría de sentirte descansando en sus brazos.

En el Padre Nuestro repetimos “Hágase tu voluntad”, sin embargo, estamos apegados a nuestra voluntad, a nuestra manera de hacer las cosas, a nuestros proyectos y a que los resultados sean los planeados. Como no siempre sucede, vivimos frustraciones, sufrimientos y desilusiones.

El fundamento del Abandono es la paternidad de Dios, que debe llevarnos a vivir la confianza y la familiaridad que son propias de los hijos con sus padres. Quien confía en Dios, pone en manos de su bondad y de su providencia toda la propia vida, teniendo la certeza de que Él nos ama y conoce mejor que nosotros los caminos que debemos recorrer para obtener grandes logros y a la vez, edificar lo más grande de nuestro Ser, nuestro espíritu. Entenderemos que incluso las pruebas y los sufrimientos, concurren a nuestro verdadero bien.

En pocas palabras, el Abandono significa cerrar los ojos del alma y entregarle nuestro dolor con amor a la Voluntad del Padre de modo que El pueda obrar en nuestras vidas.


NOTA: Para comprender mejor lo que es el Abandono, recomendamos en DESCARGAS el video del Padre Ignacio Larrañaga: "Por el Abandono a la Paz".

 

En tus manos, oh Dios, me abandono.

Modela esta arcilla,

Como hace con el barro el alfarero.

Dale forma, y después, si así lo quieres,

Hazla pedazos.

Manda, ordena. “Que quieres que yo haga?

¿Qué Quieres que yo no haga?”.

Elogiado y humillado, perseguido,

Incomprendido y calumniado,

Consolado, dolorido, inútil para todo,

Solo me queda decir a ejemplo de tu Madre:

“Hágase en mi según tu palabra”.

Dame el amor por excelencia, el amor de la Cruz;

No una cruz heroica, que pudiera satisfacer

Mi amor propio;

Sino aquellas cruces humildes y vulgares, que llevo con repugnancia.

Las que encuentro cada día

En la contradicción,

En el olvido, el fracaso, en los falsos

Juicios y en la indiferencia,

En el rechazo y el menosprecio de los demás,

En el malestar y la enfermedad,

En las limitaciones intelectuales

Y en la aridez, en el silencio del corazón.

Solamente entonces Tu sabrás que te amo,

Aunque yo mismo no lo sepa.

Pero eso basta. Amén.