Formacion

Sobre el Matrimonio, el Divorcio, la Comunión y las Relaciones Prematrimoniales

 

Es poco probable que la Iglesia Católica cambie su posición en muchos temas que son de controversia.
La mayor tarea de la Iglesia es la de mantener intacta las enseñanzas de Cristo contenidas en la Biblia. Cuando Cristo nos habla sobre el matrimonio, nos dice que Dios en el principio (Génesis) quiso que “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Cuando los fariseos le preguntan a Jesús sobre la Ley de Moisés en la que se les permitía repudiar a sus mujeres, Cristo vuelve a esta frase del Génesis indicándoles que Moisés tuvo que poner esa ley porque el corazón del hombre era muy duro, pero que Dios no quiso que las cosas fueran de esa manera. Por lo tanto, la Iglesia entiende que el matrimonio ante la Iglesia queda sellado por la bendición de Dios y consagrado a la familia.


Si pensamos un poquito sobre este tema, el matrimonio y la familia es la cuna donde nos hacemos y nos criamos, si fuera en las condiciones ideales -un matrimonio cercano a Dios- los niños tendrían que crecer rodeados de amor y atención y más adelante tener matrimonios y familias unidas que puedan transmitir la fe y los valores de Dios a sus descendientes con la presencia continua del Espíritu, presente siempre en aquellos que buscan a Dios, y que encontramos sobre todo en los sacramentos.


Dios no acepta el divorcio, por consiguiente, la Iglesia no lo reconoce y su labor es proteger a la familia. La responsabilidad esta en nosotros, los hombres, que debemos acercarnos al matrimonio sabiendo que requiere amor, pero más compromiso que entusiasmo. Hace poco el Papa Francisco decía que, si nos pusiéramos a analizar, podríamos decir que la mayoría de las parejas se casan por los motivos equivocados de modo que podemos afirmar que la mayoría de los matrimonios son nulos. ¡No somos responsables al plantearnos el matrimonio porque somos irresponsables al empezar nuestros noviazgos! Hoy en día tenemos por todos lados invitaciones a la promiscuidad con la leyenda de que es un tema natural en nuestra humanidad, pero lo es también en los animales a diferencia de que nosotros tenemos la capacidad de razonar y de encaminar nuestras acciones a ciertos objetivos. La sexualidad del ser humano es un valor tremendamente enriquecedor cuando está dentro del matrimonio y acompañado de un amor muy profundo. En el matrimonio la sexualidad potencia toda su riqueza de maneras que en el noviazgo no existen. “Sean una sola carne” nos dijo Dios en el principio. Ser una sola carne significa “sean uno en todo”. Los matrimonios llevan sus vidas de una manera totalmente distinta que los novios; comparten alegrías, proyectos, angustias, percances, sufrimientos, ideas y esperanzas, hacen un camino que sugiere una sola vida, y en todo son uno solo, y deben también ser uno solo en todo lo que transmitan a sus hijos, una misma enseñanza, planificada y sólida.

Sabemos que el matrimonio es complicado, justamente por eso el compromiso es inmenso. Por eso aquella promesa ante Dios de “amarse y respetarse hasta que la muerte nos separe”, un compromiso que se asume hasta el final y no antes. ¿Cómo podemos construir si estamos con un pie afuera antes de empezar el matrimonio? ¿Cómo podemos entrar al matrimonio con el pensamiento de que, si me va mal, me divorcio? Lo ideal es educarnos en las familias unidas para tener familias unidas y entrar con ejemplos de unidad al matrimonio. Esta realidad debe mantenerla la Iglesia porque en la sociedad tenemos más ejemplos de divorcios que de matrimonios exitosos. La Iglesia debe proteger los valores de la familia y el matrimonio por el bien de todos. 

Entonces, puesto que el divorcio no existe en las leyes de Dios, si uno se divorcia por las leyes de los hombres, para Dios esa persona sigue teniendo un esposo (a) y en estas circunstancias si aquella persona empieza una nueva relación de pareja estaría siendo infiel y, por lo tanto, estaría cometiendo adulterio. El adulterio es un pecado grave porque hiere a la familia y entonces uno no puede acercarse a la comunión porque debe corregir su conducta y confesarse.

En cuanto a las relaciones sexuales prematrimoniales, la intimidad en la pareja casada es una riqueza tan grande que uno lo que está diciendo al otro es “te amo, con toda mi alma, con todo mi espíritu, con todas mis fuerzas y con todo mi ser”, no podemos decirle eso a cada persona que pase por nuestras vidas. Esta expresión de amor, que es un regalo de Dios que expresa la unidad de dos vidas y que encuentra su significado de manera exclusiva en el matrimonio, es la manera en la que ambos esposos comunican su amor, sus deseos y sus experiencias de una manera que las palabras no pueden. Incluso cuando la pareja esta distanciada o tiene dificultades deben acercarse a la intimidad pues esto es lo que mantiene la unidad del matrimonio y fortalece su vínculo sobrenatural (ser uno solo). En la intimidad transmito lo más hondo de mi alma, mi experiencia de amor a mi esposo (a).


Estas son las enseñanzas que promueve y protege la Iglesia Católica. Son las enseñanzas de Cristo para su Iglesia a quien ama profundamente. En sus verdades encontraremos paz, riqueza y felicidad incalculable. Las interpretaciones personales con poco conocimiento de nuestra fe, aunque tengan buenas intenciones no son las de Cristo.
Recordemos que Dios nos ha dado un regalo aún más grande, algo que nos hace ser “imagen y semejanza’ suya: LIBERTAD, capacidad de razonamiento y capacidad de amar.    

 
Lorena Moscoso

Luz el Trigal