Formacion

El Hacernos Pequeños, El Gran Secreto del Abandono

 


No es fácil entender y practicar el abandono en momentos de crisis como la muerte o la enfermedad de un ser querido, el dolor de una infidelidad, la pérdida de un trabajo o cualquier otra circunstancia que nos cause angustia. Y es que para aplicar el abandono se requiere grandes dosis de humildad. Reconocer que somos pequeños y que al igual que un niño necesita de su madre tras una caída, de igual forma el ser humano necesita del abrazo de su Padre: Dios.

 

Cuando sentimos que nuestros cuerpos y nuestras emociones están heridas, nuestra alma necesita fuertemente del consuelo de Dios. ¿Pero que es la humildad? ¿Cómo puedo despertar esta cualidad en mí?.  

 

La humildad es reconocernos dependientes de algo mayor. Saber que, ante la vida, no somos autosuficientes, necesitamos de Dios porque Dios, al crear el mundo, quiso que lo necesitáramos, quiso desde el principio vincularnos a Él. Dios creó el mundo y lo creó de una manera que las cosas funcionaran solo de esa manera. La humanidad necesita de Dios para llegar a la plenitud. ¿Es posible vivir sin Dios? Sí, de alguna manera, pero el camino será siempre más duro lejos de Él, es vivir a medias, es pelear para encontrar respiro. Me gusta hacer la siguiente analogía con mis alumnos: Si tuviéramos una sopa en frente, para tomarla, ¿usaríamos el tenedor o la cuchara? Evidentemente me dirán que la cuchara, y es el único instrumento que puede ayudarnos a tomarla pues por mucho que intentemos jamás lograremos llevarnos la sopa a la boca con un tenedor. Lo mismo ocurre con la vida, puede llegar a ser muy dura si no aprendemos que en la fórmula primero debe estar Dios. Jesús ya lo dijo: “Si alguien permanece en mí, y yo en él; da mucho fruto. Pero sin mí, no pueden hacer nada…” (Jn. 15, 1-5), también dijo ser “el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14,6), no hay más camino que El, ni mayor verdad que la suya -sus enseñanzas son una lógica del cielo, no del hombre- y desde luego, la vida es vida solo en El, puesto que nos conduce a la mayor riqueza de todas: el Padre.  


Pero hasta aquí todo puede sonarte a Biblia, todo complicado o confuso. Puedes seguir sin entender porque necesitamos tanto a Dios. Él se hace vida y fuerza en nosotros, somos el canal a través del cual él trabaja en el mundo. Cuando lo buscamos, cuando lo perseguimos, lo encontramos y al encontrarlo encontramos la presencia constante de su espíritu y el espíritu tiene todas las respuestas. Cuántas veces hemos deseado tener sabiduría para aconsejar, para iniciar un proyecto, para dar consuelo, para enseñar, en definitiva, para tener una mejor vida. Dios despliega todas las respuestas en nuestro interior. Dios habla, Dios se hace presente y nos nutre por completo con todo lo que Él es. Dios nos edifica en las circunstancias difíciles. Si estamos lejos de Dios las cosas malas ocurren y no obtenemos nada de ellas, son un fracaso, una pérdida, un sinsentido extremo. Pero con Dios, las caídas son más débiles, y si existen nos nutren, nos hacen madurar, nos enseñan, nos dan mayor sabiduría, nos transforman en personas más completas. Nos levantamos, nos sacudimos y seguimos andando, habiendo aprendido algo más, somos seres diferentes. Con el tiempo y la distancia habrá quienes afirmen “no cambiaría nada”.  


Lo primero es hacerse pequeños, como los niños, que tienen la certeza de lo que se les dice, lo segundo, saber que no estamos de ninguna manera solos, lo tercero, confiar en que Él se encargara de todo, no hay manos más seguras para nuestros problemas que las suyas. La gran herramienta: La oración que es el gran camino y finalmente, el abandono de todo tu ser en sus preciosas manos, puedes descansar en El.  


Lorena Moscoso

Luz El Trigal